enero 14, 2011

Capítulo 10 " Un plan absurdo"

Después de leer una de las cartas me disponía a preparar el plan, a idear alguna estrategia loca que nos sacase de aquel averno. Se me ocurrió utilizar una de las perras de nuestro ejército que se encontraba en celo. Asegurando un camino y desinstalando cuidadosamente las trampas metro a metro haciendo uso del duro adiestramiento recibido. El animal, involuntariamente iría esparciendo su olor característico cargado de feromonas a lo largo de todo el sendero ya despejado y una vez llegado al otro lado, haríamos una señal para que soltasen a un macho, el cual seguiría afanadamente el rastro de la hembra, de manera que el capitán y sus hombres, solo tendrían que seguir al perro. Parecía un plan sencillo y perfecto, podía resultar.
Los muchachos estaban de acuerdo y fuimos a hablarlo con el capitán. La noche se estaba cerrando y un viento algo desagradable comenzaba a soplar. Nos dispusimos a adentrarnos en el bosque sin más dilación, Alex, Tony, el animal y yo, cuando de repente estalló sobre nuestras cabezas una gran tormenta.
La tormenta más terrible y espectacular que jamás habíamos visto.
El agua azotaba de lado con tanta fuerza que la corteza de los árboles saltaba igual que si esos troncos estuviesen en un aserradero. Uno de los rayos cayó a tan sólo unos metros de nuestra posición haciendo que varios arbustos grandes rompieran en llamas.
Sentimos el estruendo en todo nuestro cuerpo quedando aturdidos como si nos hubiese alcanzado un mortero.
Y no cesaba de tronar y no paraban los rayos de caer iluminando todo el cielo con su luz azul.
De pronto unas nubes de color sangre comenzaron a formar un circulo en el cielo y de él, empezó a crearse un tornado tan grande como todo el bosque que teníamos rodeándonos. Aquello era aterrador. Se podía ver perfectamente cómo los pájaros trataban en vano de volar en la dirección contraria del tornado, pues este los atraía como la miel a las moscas.
Incluso se levantaban árboles del suelo de más de diez metros como si de simples mondadientes se tratase.
- ¡Qué hacemos Daniel! ¡ Por el amor de Dios, dinos qué hacemos! ¡El tornado nos va a tragar! - me gritó desesperadamente Tony.
Debía pensar rápidamente y con decisión pues la vida de todos dependía de mí. Y pensar que renuncié a mi rango para evitar aquello ... ¡Qué ironía del destino!

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