enero 16, 2011

Capítulo 12 " Sueño ó realidad "

Desperté sin noción del tiempo, aturdido. No tenía idea de cuánto había transcurrido desde que cerré los ojos. Un rayo de luz que atravesaba la puerta entreabierta me daba en los ojos deslumbrándome. Oía el sonido de unas gotas golpeando en metal. Miré con dificultad a mi alrededor con la vista nublada y vi a mis compañeros tumbados sobre lo que era el techo del vagón. Mareado por aquello y con un fuerte dolor de cabeza por el golpe, me acerqué a ellos para comprobar que estaban bien. Todos se levantaron quejosos y la perra sacudiéndose se me acercó para lamerme la mano.
- Chicos , vamos a intentar abrir la puerta y salgamos de aquí. - dije invitando a mis compañeros a desatrancar la puerta.
¡Menuda sorpresa no llevamos! Vimos que estábamos en un lugar muy extraño para nosotros. En nada se parecía al bosque en el que estábamos. Ninguno de los tres habíamos visto jamás un lugar así. Era un sitio en el que se divisaba una gran extensión de agua infinita, un océano tal vez y al otro lado, la tierra era muy blanca y suave.
- ¡Qué lugar tan maravilloso! ¡Mirad eso! - dijo Tony señalando a los árboles.
Me dijo que estábamos en una isla, que había oído hablar de esos lugares a un vecino suyo extranjero que viajó en barco por casi todo el mundo.
Arenas blancas y finas, un océano de agua templada. La vegetación estaba muy desarrollada y era exhuberante. Seguro que era lo que le había descrito su vecino.
Alexander corría por la playa con la perra, mojándose los pies en el agua, hacían una pareja perfecta.
Tony decidió explorar la isla en busca de gente, de comida, de agua potable, en fin , él era un buscavidas y estaba acostumbrado a ese trabajo, aunque no en aquel lugar por lo que decidí acompañarle.
Nos adentramos en el espeso follaje. Jamás había visto plantas de esos colores y formas. Hojas ásperas que repelían el agua, otras se cerraban al tocarlas, como si sintiesen vergüenza. Aquellos pájaros con esos cantos y sonidos que emitían daban un aire muy misterioso al lugar. Nunca vi tantos colores juntos en una misma ave. ¡Qué raro, pero a la vez exótico paisaje!
Estábamos cansados y no quisimos adentrarnos mucho el primer día, así que nos volvimos hacia el vagón , en la playa, antes de que oscureciese. No sabíamos qué peligros nos acecharían en tan extraño paraje.
Preparamos una pequeña hoguera a la puerta del vagón y nos sorteamos turnos para hacer guardia, aunque creo que tras la primera guardia que hice yo, nadie más se mantuvo despierto.

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