enero 18, 2011

Capítulo 14 " Las amazonas "

Desperté con un leve aturdimiento y molestias en la cabeza, como desorientado. Y cuando abrí los ojos...
¡Estaba rodeado de mujeres totalmente desnudas! Me froté los ojos y pensé haber muerto o estar alucinando por la picadura de algún insecto extraño. Con los ojos abiertos como platos, miraba a aquellas mujeres de largos cabellos negros y cuerpos exhuberantes. Algunas portaban unos palos largos afilados en las puntas a modo de lanzas, otras pequeños arcos con largas flechas y otras, una especie de cervatana larga , pero no acerté a ver dónde llevaban los dardos.
Giré la cabeza hacia los lados pestañeando con fuerza y frotándome los ojos, me resistía a creerlo.
Eran mujeres bellísimas, de piel dorada y unos rasgos faciales muy exóticos, nunca antes vi semejantes facciones.
Por supuesto, no hablaban nuestro idioma. Se comunicaban entre ellas con una dulce y a la vez extraña jerga.
Allí estábamos todos en el suelo, atados y perplejos ante tal belleza. Ninguno de nosotros podíamos dejar de mirar tal surtido de cuerpos femeninos. Tantas mujeres bellas y desnudas rodeándonos, sin tener que apelar a la imaginación masculina para adivinar sus encantos.
Nos apuntaban con sus arcos y nos amenazaban con las lanzas haciéndonos gestos para que nos levantásemos. Querían que entrásemos en unas cabañas fabricadas con ramas, hojas y un extraño material rojo, que parecía arcilla .
Unas horas después de mi reclusión en aquella choza, entraron cinco de aquellas hermosas mujeres. Una de ellas me agarró por el pelo y me hizo señas para que me levantase y la acompañara afuera.
Aunque eran muy bruscas, en el fondo no me hacían temer daño alguno por muy extraño que resultara, puede que la terrible belleza me obnubilase los sentidos. Mi único pesar en aquellos instantes, era que cada vez estaba más lejos de mi amada Nassay, cada vez me parecía más imposible el volver a su lado.

El sol se estaba poniendo y las amazonas preparaban una gran hoguera. ¿Nos iban a comer?
Sentía cierto recelo por lo que iban a hacernos, pues aunque muy hermosas, estaban armadas y dispuestas a demostrarnos lo duras que eran.
En ese momento vi como mis compañeros se acercaban a la hoguera, también acompañados por varias de aquellas bellezas. Nos sentaron a todos juntos, como formando un gran círculo.
Y comenzaron a traer grandes pieles que ponían en el suelo a modo de mantel, llenas de alimentos de todo tipo: extrañas frutas, grandes aves, pescados raros, etc. Un banquete digno de dioses.
¿Sería nuestra última cena?¿Qué clase de sueño era aquel?¿Dónde estábamos y quienes eran aquellas personas?
- Daniel, ¿hemos muerto y estamos en el paraíso? - preguntó el grandullón Alex mientras devoraba un muslo de aquellas aves gigantes.
-Oye Daniel, come algo. Necesitan que engordemos para poder comernos después. - me decía Tony riéndose a carcajadas mientras se chupaba los dedos con afán.
Las chicas me señalaban la comida y con gestos llevándose las manos a la boca, me invitaban a acompañar a mis hambrientos amigos. La perra tumbada detrás de nosotros, lamia un grande y carnoso hueso y no parecía desconfiar de nada. Tal vez estaba algo paranoico y aquellas mujeres sólo querían ser hospitalarias.
Me parecía imposible evitar que mis compañeros dejasen de comer, no los podría hacer entrar en razón ni en un millón de años, de manera que lo mejor sería encomendarnos a algún ser superior o dejar nuestra vida en manos del destino y disfrutar de aquello que olía como la cocina de mi casa en acción de gracias.

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