enero 19, 2011

Capítulo 15 " ¿Por qué yo? "

Tardamos algo más de tres semanas en comenzar a entender algo de aquel dialecto, aunque poco a poco cada vez nos entendíamos mejor. La líder de aquella tribu, nos intentaba contar la razón de que estuviesen allí habitando en esa isla desde hacía muchos años y de que sólo hubiese mujeres.
Nos explicaba que eran las mujeres más guapas de una solitaria aldea en la cual la persona más poderosa e influyente, a la que todos temían y respetaban, era una malvada y loca curandera que tenía atemorizados a todos los habitantes con sus hechizos y maldiciones.
Ésta era muy fea, envidiosa y muy celosa, según nos contaba, nunca se le conoció pretendiente alguno, de manera que cuando nacían niñas hermosas, alrededor del doceavo cunpleaños, antes de que se desarrollasen como bellas mujeres, obligaba a sus familias a desterrarlas, o maldeciría todas sus cosechas, su ganado o cualquier otra cosa que les diese de comer al que se negara a hacerlo.
A las autoridades del lugar, las tenía sometidas con una especie de vino que ella misma fabricaba y al que lógicamente le añadía algún tipo de droga.
Así que cogían a las hermosas jovencitas y las metían desnudas en una barcaza para que las corrientes del mar, las alejasen de allí para siempre. De esa forma llegaban todas a la isla, que con el paso del tiempo, habían cuidado y preparado para que se convirtiese en su nuevo hogar.
Las mujeres más jóvenes, se peleaban entre ellas por dormir con nosotros en nuestras chozas y las más maduras refunfuñaban y relataban celosas por quedarse afuera.
Pasábamos los días, las semanas y los meses en aquel paraíso y mientras mis compañeros la pasaban como auténticos reyes, a mi no se me podía quitar de la cabeza a mi amada  Nassay. Seguía añorando a mi familia por más esfuerzos que hiciera para convencerme de que jamás saldríamos de allí.
A diario me preguntaba  si ella me seguiría esperando o si por el contrario nos habían dado por muertos y Nassay habría rehecho su vida, tal y como le hice prometer si le llegaba la trágica noticia algún día.
En aquel lugar tan apartado de todo, la sensación del espacio-tiempo era imperceptible, sin calendarios, relojes, etc. Calculamos al menos dos años desaparecidos y no podía olvidar la calma del lago, el silencio de las nobles montañas, los petirrojos cantando sobre los robles, era todo tan distinto ...
Aquella añoranza me hizo recordar una de las cartas que le escribí a mi dulce Nassay antes del fatídico día de la tormenta.

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