enero 21, 2011

Capítulo 17 " ¿Un clavo saca a otro clavo? "

Aquel día en el que Praxis fue a buscarme a la playa, me olvidé por unos momentos, instantes o quizás horas de mi amor por Nassay. Tal vez trataba de auto-convencerme de que jamás volvería a verla y dejé que ella  me clavase su mirada.
Me sujetó la mano suavemente, apretándomela al final. Se levantó de la arena y jaló de mi brazo para levantarme. Arqueó una ceja, sonrió y apretó su cuerpo desnudo contra el mío pasando sus dedos por mi espalda hacia arriba y hacia abajo. Los dos solos en aquella intimidad que nos ofrecía esa playa desierta, sin más luz que la del ocaso del sol reflejado en el océano azul y en la blanca arena. Comenzó a acariciarme el pelo y después fue bajando sus manos suavemente por mis mejillas hasta los hombros para continuar su descenso hacia mi pecho, rodeandome así con sus brazos por mi cintura y apretando su pecho contra el mío como si quisiera unir su cuerpo con el mio formando uno solo.
Aquellas caricias hicieron que toda la sangre bajase rápidamente de la cabeza a otras partes de mi cuerpo, por lo que no podía pensar, únicamente continuar el juego.
Me dejó sentir todo el fuego salvaje de su cuerpo. ¡Que sensación tan maravillosa era sentir el fuego de su  piel rozando mi piel!
Los dos caímos encima de la alfombra de piel en la que me sentaba, embriagados por un fuerte éxtasis que nos cortaba la respiración. Sentía que el corazón trabajaba a marchas forzadas ¡ a toda máquina!
Fue tan bello y placentero que casi fenezco a sus encantos. Olvidé completa y totalmente  todo y a todos durante muchas horas.
Quedamos dormidos bajo aquel manto de estrellas , arropados por la luz amarillenta de la luna que iluminaba el celeste infinito.
Al amanecer del siguiente día, lo primero que vieron mis ojos al abrirse, fue a Praxis dormida plácidamente, con su espalda pegada a mi  y cómo los primeros rayos del alba iluminaban sus senos impasibles.
Su cabeza inclinada y sus largas y poderosas piernas enroscadas como dos grandes serpientes. Un ser divino.

Hay veces en las que la vida nos juega malas pasadas, mas al final nos damos cuenta de lo aprendido, eso es lo que vi cuando aquel ángel me sedujo. De manera que decidí que ella sería la mujer que me acompañase por el resto de aquella mi otra vida.
Aunque en mis planes no entraba el quedarme en aquella isla por siempre. Debía haber algún modo de salir de allí y yo iba a averiguarlo, aunque me costase la vida.
No entendía mucho de barcos, de mareas, corrientes y esas cosas, pero como dice el refrán, la necesidad obliga.
Tomé unas tablillas y afilé unos trozos de carbón, para comenzar a esbozar mis ideas. Con el apoyo de mis compañeros y la mayoría de aquellas mujeres, construiríamos algo que sirviese como billete de vuelta a casa.

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