enero 26, 2011

Capítulo 22 " Siempre adelante "

Tras el corto pero saciante almuerzo y con el cuerpo más descansado, nos dispusimos a caminar.
Mi pequeña Nassay, llevaba ahora un vestido digno de una princesa y ella lo portaba orgullosa. Debíamos encontrar algo de ropa para mí ahora y ponernos en camino hacia la estación.
Estaba atardeciendo y tuve que andar a ratos con mi hija a la espalda, a ratos ella caminaba y cuando no podía más me pedía de nuevo que la volviese a coger, era muy pequeña.
Llegamos a la estación. Unos metros antes del apeadero, vi un lugar en donde suponía que arreglaban los trenes, pues veía un vagón roto y abandonado y una máquina a medio montar. Justo allí mismo, tras una pequeña valla, había una casetilla de madera de color verde, con un viejo y fino candado en la puerta.
- Nassay, hemos llegado. Pasaremos la noche aquí y trataremos de montarnos en el primer tren que salga mañana hacia el oeste. - le dije a la pequeña, mientras buscaba por el suelo algo contundente para romper aquel viejo candado.
Ella asintió con la cabeza a la vez que se frotaba los ojos.
Dentro de aquella caseta de madera sin ventanas, no se estaba tan mal. Había un par de fardos de paja en el suelo. Un banco metálico alto con muchas herramientas y una tetera encima. Un mono azul colgado de un clavo en la pared que parecía de mi talla.
Al lado de la paja un pequeño taburete de madera con tres patas.
Abrí un pequeño armario situado tras la puerta esperando encontrar té, azúcar , tazas, cucharillas o algo parecido, pero sólo vi un vaso y un pequeño ratón que me miró asustado. Cogí aquella tetera de metal  y el vaso y salí afuera a buscar agua, seguro que no debía andar lejos.
Justo detrás, un pequeño grifo con una gran manivela. La subí y bajé  tres o cuatro veces y comenzó a salir agua del pequeño grifo. Lavé un poco el vaso y llené la tetera de agua. Cuando entré en la casetilla, Nassay se había quedado dormida encima de lo fardos de paja, extenuada por el largo día. Bebí un poco de agua y le puse mi camisa por encima para taparla un poco. Me coloqué aquel mono azul y me tumbé a su lado a dormir un poco.
Antes de que el sol de un nuevo día asomara por el horizonte, oí un silbato lejano y me apresuré en despertar a mi hija, el primer tren.
Le ofrecí un poco de agua y la cogí de la mano. Había que ver a donde iba ese tren y dónde podíamos colarnos. Según parecía, se dirigía al oeste y era un tren de mercancías, de esos que llevaban ganado, carbón, etc ...
 Tomé a Nassay en brazos y comencé a correr para agarrarme al último vagón que iba abierto. Su marcha era lenta al pasar por la estación de modo que lo conseguimos al fin, de vuelta a casa.
Cerré la gran puerta de madera corrediza del rojo vagón de madera y nos sentamos encima de unas cajas que vi en el fondo. Desde allí sentado podía ver a medias entre las endiduras de los tablones que conformaban aquel vagón, cómo salíamos despacio de la estación y los primeros rayos de sol que entraban dejando ver un camino de luz hacia el suelo. Ya solo nos quedaba aguardar.

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