enero 29, 2011

Capítulo 24 " El hotel "

- ¡Buenos días!  - le dije a una joven que estaba de espaldas regando unas bonitas plantas en el porche.
- ¡ Buenos días , caballero ! - contestó seria.
Pensé que quizás sería del personal del hotel y a lo mejor sabía si necesitaban a alguien, así que le dije:
- ¿Sabes si la dueña de esto necesita a un hombre mañoso y educado que trabaje a cambio de alojamiento y comida?
- ¿Qué sabe hacer usted? - preguntó interesada la dama.
- Pues casi de todo, verá ...  - Y comencé a contarle mi historia casi al completo. Donde me crié, cómo llegué allí, etc. Por momentos pensé que se iba a burlar o que me creería loco.
Para mi sorpresa, la mujer comenzó a llorar.
- Oh, disculpeme, pero unos ojos tan bonitos no merecen llorar por las desventuras de un extraño.
Entonces una chica se acercó a ella y le dijo:
- Disculpe señora Archer, la cena está lista, ¿la sirvo ya? ¿qué le ocurre señora? ¿se encuentra bien?
- Gracias Rossie, estoy bien, enseguida vamos y  ... ¡pon dos servicios más! Tenemos nuevos huéspedes.
¡Qué bochornoso era aquello! me quedé sin palabras, ruborizado y avergonzado. Mi habilidad para meter la pata era cada vez mayor.
Comencé a tartamudear, intentando pedir disculpas mas no me salía ni una frase completa. ¡Qué vergüenza!
- No tienes por qué disculparte Daniel, nadie te dijo quién era yo. Además no quiero que me trates de ningún modo especial, pues soy una persona normal, como cualquier otra. Pasemos adentro y seguimos charlando si lo deseas.
¡ Qué niña tan guapísima tienes! Ya me hubiese gustado a mí haber podido tener una hija tan bella como la tuya. - Terminó diciéndome aquello con gran pena en el rostro y comenzó a llorar en silencio nuevamente.
Me contó su historia. Sarah, que así era como se llamaba la señora Archer, tampoco había sido muy afortunada en la vida, a pesar de ser una de las personas más ricas del condado, o tal vez esa fue su maldición. Su padre fue un importante hombre de negocios que le dejó todo su patrimonio, la totalidad de la fortuna que amasó durante su vida a su única hija.
Cuando Sarah cumplió la mayoría de edad, ya tenía una veintena de pretendientes de todos los alrededores. Hombres que se acercaban a su casa como las abejas al panal y es que una muchacha tan bella, con el cabello del color del fuego, sus ojos azules como el cielo en una mañana de verano y esa elegancia natural que poseía sumado, claro está, a su gran fortuna, era muy lógico que tuviese a tanto buitre deseando aliviarle tal carga a aquella hermosa dama.
Ella cayó en las redes de un joven muy embaucador, ayudante de su padre desde que era casi un niño. Aunque desde pequeño sólo ansiaba el dinero de la familia Archer. Para él, Sarah era una buena inversión.A corto o largo plazo, pensó que su matrimonio con Sarah le proporcionaría la vida acomodada que tanto ansiaba.
Y como el amor es así, ella no quiso darse cuenta de que él no miraba a su corazón , sino a su caja fuerte.
Vivieron en aquella mansión durante más de seis años durmiendo en habitaciones separadas, sin apenas tener contacto con ella. No le dio el hijo que ella tanto deseaba y todo el mundo rumoreaba en qué se gastaba aquel individuo la fortuna de su esposa. De todos era sabido que se pasaba las noches en los casinos y clubes de alterne de todo el condado. Los visitaba todos.
Un día fue la autoridad del pueblo a comunicarle que habían encontrado el cuerpo de su marido apuñalado en la puerta trasera de un club.
Desde entonces, Sarah decidió cambiar su vida haciendo de la mansión un hotel.
Empleando a varias personas del pueblo y ofreciendo un servicio honorable y necesario en su pueblo que le permitiría tener la excusa perfecta para vivir recluida ocupada de sus nuevas tareas, sin necesidad de tener contacto con el resto del mundo.
Una vez me contó su tórrida historia, se preguntó así misma en voz alta, por qué me la había contado, pues aseguró que jamás hablo de ello con nadie.
- Quizás, por algún extraño motivo, tú me inspiras cierta confianza Daniel. Pareces un buen hombre al que la vida tampoco a tratado demasiado bien. - me confesó.
La pequeña Nassay, encontró muy deprisa a su compañero de juegos ideal. Sarah tenía un perro mediano, de color blanco, con el pelo muy corto, un hocico largo y puntiagudo, grandes y erguidas orejas.
Muy musculoso su cuerpo, de ojos achinados y aspecto fiero. Según me contó Sarah, con los únicos que mostraba su fiereza era con los roedores, con esas ratas dañinas y esos ratones tan molestos que lo destrozan todo. Para aquel trabajo, Oli era el mejor.
Tras la cena, me invitó a que la acompañase para enseñarme todas las instalaciones. Me dijo que le gustaría que me encargase del mantenimiento de todo en general y me pagaría algo, a parte de la estancia y la comida. Le advertí que me iría en cuanto tuviese reunido algún dinero para viajar a mi hogar.
Al menos esa era mi idea, claro.

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