enero 12, 2011

Capítulo 7 " Gente singular "

A comienzos del otoño, me encontraba en un gran cuartel militar alejado de toda civilización y con unos miles de compañeros de los cuales conocí en profundidad a dos de ellos. El de la litera de arriba y el de abajo.
Quizás me sentí indentificado con ellos, quizás solamente me cayeron bien, no lo sé. Se llamaban Tony y Alex, unos tipos de lo más pintorescos y descentrados, algo extravagantes.
Tony era un chico de ciudad, de esos jóvenes duros y marginados de algún núcleo urbano muy grande, una de esas grandes ciudades a las que las gentes del campo se marchaban en busca de mejores salarios y comodidades que las que la vida del pueblo les daba. Pero a la vez, este tenía un corazón de oro y no soportaba ver cómo abusaban de los débiles en su presencia. Físicamente, Tony no era muy alto y más bien delgado pero con unos músculos muy trabajados y pequeñas cicatrices en manos y brazos. Daba la sensación de que no había tenido una vida muy fácil.
Alexander si que era un tipo muy alto, casi dos metros de puro músculo y sólo músculo ya que el pobre era algo ... simple, aunque de gran nobleza y bondad.
Con una voz bastante grave y muy velludo, un autentico hombre prehistórico.
Recuerdo un día en los entrenamientos, que nos hicieron correr durante más de cuatro horas seguidas y casi al final de la marcha, Alex cayó desplomado y extasiado poco antes de llegar a la cima de la montaña. Todos sentimos temblar la tierra cuando cayó al suelo semejante personaje.
Entretanto pasábamos el período de adiestramiento, todo lleno de anécdotas, llegó el examen final de la academia. Un examen en donde se decidía el rango y destino de cada soldado.
Alex, no consiguió ningún rango  por lo que su nota final le proporcionó el nivel de soldado de primera y lo destinaban al frente. Tony, algo más habil, consiguió la calificación suficiente para ser cabo y por supuesto iba también al campo de batalla. Él era bastante listo y echado para adelante, cualidades imprescindibles para haber sido sargento, pero su nivel cultural no le acompañó.
Yo conseguí ser sargento, a pesar de que no lo deseaba para nada. El tener la responsabilidad de muchas personas en mis manos no iba conmigo. Pero, por el momento debía aceptarlo. Eso y que debía ir al frente con mis dos nuevos amigos.
Al día siguiente y tras el pequeño y merecido descanso del período de instrucción, pensé que tenía que arreglarlo de alguna manera para que me degradasen antes de saber el día de nuestra partida.
Debía arreglarlo como fuese para que me quitaran esa carga de encima, de modo que se me ocurrió montar una pequeña bronca con un tipo orgulloso y creído con aires de marqués, que de seguro no necesitó hacer ningún examen para obtener su rango de teniente. Seguro que su influyente familia de tradición castrense le habían proporcionado el rango incluso antes de llegar al campamento.
Y mientras todo aquello pasaba, incomunicados con el exterior totalmente, no dejaba de pensar en mi dulce Nassay tratando de imaginar qué haría en aquel momento, cómo estaría.
Tony me propuso una idea para cumplir mi propósito de una forma sencilla. A aquel teniente repipi, sólo había que volcarle la bandeja del rancho encima de su almidonado uniforme y no disculparse por ello. Un par de puñetazos después asunto arreglado. El capitán me llamó gritándome lo avergonzado que estaba de mi comportamiento inesperado y fue cuando escupió la frase que necesitaba oír:
- ¡ Y por consiguiente te degrado al rango de cabo !
Bien, asunto zanjado. Una cosa menos de la que preocuparme.
Al poco de aquello, nos enteramos de que de los miles de reclutas, tan sólo unos cincuenta se quedaban en el campamento. A los demás nos metieron en unos viejos barcos de carga llenos de óxido y sin bandera alguna. El rumbo que tomábamos era un completo misterio, un absoluto secreto. Todos a bordo de aquella vieja lata trataban de adivinar el destino de nuestro viaje y personalmente creo únicamente el almirante y el timonel lo sabían.
Embarcamos cuando apenas amanecía y llegamos a puerto justo al amanecer del día siguiente, habiendo soportado todo un día sin comer, con poca agua y un olor a óxido y azufre nauseabundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario