febrero 03, 2011

Capítulo 30 " Un tren y la lotería "

En el andén, había una señora mayor que pregonaba boletos de lotería estatal por una cantidad razonable si teníamos en cuenta el premio a ganar. Mi esposa era rica, la más de todo el condado y aunque compartiésemos todos sus bienes, sentía la obligación de aportar algo, de modo que pensé, ¡por qué no! ¿que iba a perder?
Y le compré a aquella vieja lotera todas las participaciones que llevaba. La pobre mujer muy agradecida, me dio su bendición y me deseó toda la suerte del mundo para que me tocase. Volví al tren con aquellos billetes en el bolsillo interior de la chaqueta, con la esperanza de que sus palabras y deseos se cumplieran. El tren comenzó su camino con un suave vaivén y su rítmico traqueteo.
- ¿Todo va bien? Te noto distraído Daniel ¿ en qué piensas? - preguntaba Sarah.
 Y es que estaba absorto en mi sueño de millonario. Imaginando qué podría hacer con el dinero del premio.
Todo transcurría con la normalidad prevista para un viaje en tren a principios del siglo XX. En un par de horas, la próxima estación. Una parada de cinco minutos y desde mi ventanilla aquella estación tenía buena pinta. Le dije a Nassay que le compraría un dulce que hacían por allí. Y nos bajamos los cuatro del vagón en cuanto se paró.
Aquel andén con el suelo de color rojo brillante y el techo tan altísimo con esos cristales de colores que convertían la luz del sol en un extraño arcoiris nos causaron impresión. Junto a unas enormes puertas de hierro y cristal, una pequeño grupo musical deleitaban a transeúntes con una música armoniosa acompañada de sus voces a coro. Dentro de esa estación sentí estar en otro mundo. El conjunto de sensaciones que transmitía aquel lugar, te transportaban a un sitio más bien celestial, quedabas atrapado por su encanto.
La pequeña Annie, en brazos de su madre, envuelta en una colcha de suave lana blanca, abría exageradamente los ojos al oír la música. Nassay de mi mano se quedó boquiabierta frente a los músicos, observándolos con gran admiración. Sarah me abrazó en aquel mágico instante que quedaría grabado en nuestras memorias por siempre. El silbato del revisor avisaba de que el tren continuaba su marcha.
Cuatro horas más y estábamos en mi viejo hogar. Entramos en nuestro amplio compartimento y nos acomodamos en aquellos asientos de madera forrados con terciopelo rojo y rellenos de algodón.
Nassay apoyó su cabeza en mis piernas y se quedó dormida mientras veía como Sarah le daba el pecho al bebé.
Miré a mi esposa, le sonreí y con un profundo suspiro giré la cabeza para mirar por la ventanilla para ver como nos alejábamos de la estación poco a poco.

2 comentarios:

  1. Que bueno, me gusta tu novela cada capitulo que leo, lo siento, lo vivo y quiero otro...

    jaja

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  2. Con esa misma pasión los escribo. Gracias ;)

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