febrero 05, 2011

Capítulo 32 " Un villano "

Evidentemente mi casa no estaba en su mejor época, se encontraba con muy mal aspecto. Las paredes desconchadas, ventanas medio caídas, la puerta principal no cerraba, olía a humedad, etc.
Bajo la luz tenue de un candil, nos sentamos como pudimos en el salón, alrededor de la chimenea que quemaba tristemente su penúltimo tronco.
Mi madre había envejecido el doble de rápido y apenas le salía la voz del cuerpo cuando se dispuso a contar la desgracia que había arruinado a aquel pueblo. Según contaba , la culpa podía atribuírsela a un sólo hombre. Aprovechando los años de reclutamiento, en los que nada más quedaron mujeres, ancianos y tullidos en el pueblo. El señor Dell,que así era como se llamaba aquel villano, a golpe de talonario compró el banco, después los almacenes y entonces se hizo con los títulos de propiedad de los terrenos que aún no habían sido pagados al completo. Los arruinó a todos pero les daba una opción para salir de aquel pozo.
Al parecer el señor Dell, compró unos terrenos en los que descubrió una mina de oro y necesitaba trabajadores.
Por lo que la solución para que no fuesen embargados pasaba por trabajar en la mina para él. ¿La paga? sus tierras.
El infame construyó unos barracones a la entrada de la mina para alojar a los trabajadores y tenerlos a jornada completa. Con las autoridades de su parte, poco se podía hacer legalmente.
En condiciones infrahumanas, los hombres vivían y trabajaban con el único propósito de mantener a sus familias salvas en casa. Mi padre y mi hermano Roland se encontraban allí recluidos junto a los demás, en ese infierno. A duras penas mi madre comía y vivía casi en total soledad.
Tras un buen rato escuchando aquellas dramáticas declaraciones observé que las pequeñas dormían y las cogí a las dos para ponerlas juntas en la cama. Subí a mi habitación y cuando abrí la puerta me asombré de ver que mi madre conservaba el cuarto exactamente como yo lo dejé el día en el que partí hacía ya muchos años. Pensé en todo lo que había sufrido mi madre en aquel tiempo y caí en la cuenta de que Nassay tuvo que haberlos pasado también verdaderamente mal.
Cerré la puerta y me dispuse a bajar cuando oí una conversación abajo en el salón que me hizo quedarme quieto. Parecía que Sarah le contaba a mi madre algo que no quiso contarle en mi presencia.
Sin querer hice ruido y tuve que bajar como si no hubiese oído nada.
- ¿De qué hablabais? ¿Qué me he perdido?  - pregunté mirándolas a las dos.
- Nada mi amor, le comentaba a tu madre lo preocupado que estabas por ellos. - dijo mientras sonreían las dos.
Aunque no me lo creí, tampoco quise darle importancia, estaba demasiado cansado y debía asimilar muchas cosas de golpe. Todos necesitábamos descansar y acordamos que por la mañana buscaríamos alguna solución a aquella tragedia. Sarah y yo, apenas mediamos palabras, simplemente nos dimos un beso y quedamos dormidos.

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