febrero 07, 2011

Capítulo 33 " Morelia "

Lo primero que debía hacer era intentar llegar a un acuerdo con aquel ser tan despreciable, el señor Dell.
Pregunté a mi madre si sabía dónde encontrarle. Ensillé al viejo alazán que se aburría en el establo y me dirigí a sus oficinas.
Entré en el edificio, junto al banco y apareció una joven de cabellos rubios y cortos hasta la punta de sus orejas, como marcaba la última moda. Muy simpática, de un metro sesenta de estatura, aproximadamente,  delgada, con poco pecho, cintura estrecha pero anchas caderas finamente torneadas.
Agradable tanto al oído como a la vista, se dirigió a mi preguntándome qué deseaba.
- Vengo a hablar con el señor Dell, ¿quién es usted? le pregunté algo serio.
- Pues el señor Dell está ocupado, ¿ tiene usted cita con él? me dijo amablemente.
- ¡No necesito cita para hablar con ese ladrón! - le grité algo descontrolado, mientras le miraba a los ojos.
Ella, pidiéndome calma, con una voz muy fina y dulce hizo que me disculpara por haberle gritado.
- Lo siento mucho señorita, es que vengo muy indignado.
- Le entiendo, veré si mi padre puede atenderle, señor ...
- Daniel, me llamo Daniel y vengo de la granja que hay junto al lago.
Vaya mala suerte, fui grosero con la hija del villano, pensé que me vetaría por aquello nada más entrar, pero no fue así y me hizo pasar enseguida. Tras aquella puerta, un tipo de unos sesenta años, medio calvo.
El poco pelo que le quedaba era de color gris. Unos lentes muy gruesos y con barba de varios días. En aquel despacho apenas se podía respirar. Un olor a puro viciaba el ambiente y una lámpara de sobremesa iluminaba la lúgubre habitación sin ventanas.
Con voz muy grave me preguntó qué quería. Me propuse ser agradable y educado, aunque para ello tuviese que morderme la lengua.
- Pues verá usted, mi familia está pasando una mala racha y yo ... 
Apenas me dejó terminar, el desgraciado. Me cortó enseguida indicando que no era su problema.
Monté en cólera rápidamente y embravecido me dirigí a él cuál locomotora sin control a darle una severa golpiza.
No dí tres pasos cuando un par de fortachones semejantes a dos gorilas  me agarraron cada uno por un brazo me echaron fuera del edificio advirtiéndome de lo que me pasaría si volvía por allí. Enseguida fui a ver a la autoridad del pueblo para denunciar aquel abuso.
Cuál fue mi sorpresa al enterarme por un guardia, que el antiguo jefe de policía que había antes también se encontraba en las minas, trabajando para el astuto señor Dell.
En su lugar puso a un socio suyo. ¡No había nada que hacer!
Me encontraba realmente nervioso, impotente ante aquella situación, incluso llegué a sentir nauseas.
Las manos me temblaban y mientras corría a la granja, no hacía otra cosa que preguntarme cómo había podido llegar a eso, a sumir en la desgracia a todo un pueblo, con lo afable que era todo antaño.
Fatigado y con un sudor frío que me empapaba la frente, entré en la casa y subí a buscar el arma reglamentaria que mi hermano se trajo del ejército.
Una vez la encontré, comprobé el cargador y la preparé para utilizarla.
Sarah entró en la casa, gritando mi nombre asustada y nerviosa.
- ¿Qué haces Daniel? ¿Para qué llevas esa arma? ¡ Contéstame, por favor! ¡Qué está pasando!  - me dijo temblorosa.
- Voy a tratar de solucionar un problema que nadie se atrevió a resolver antes.  - le contesté con rabia.
- Tengo mucho miedo Daniel ¿y si te pasa algo? ¿ qué sería de mi y las niñas?
La aparté de mi camino y monté en mi caballo poniéndome en camino al pueblo dispuesto a acabar con aquel infame y su red de esclavitud. Nada más entrar en el pueblo, en la avenida principal, había una llamativa tienda de telas con grandes ventanales y un gran cartel blanco colgado en la puerta que decía:
- Número agraciado de la gran lotería nacional 132465.
Paré el caballo en seco y casi me caigo. ¡Era mi número! ¡Seguro que era mi número! Lo memoricé durante el viaje.
Di la vuelta con el caballo y a galope tendido regresé a casa para comprobarlo.
Mi esposa y mi madre, lloraban al tiempo creyendo que habría sucedido una desgracia.
Ignorándolas a ambas, descolgué el abrigo del perchero, metí la mano en el bolsillo interior buscando los boletos pero no encontraba nada. Pensé: ¡Dios mío, juraría que guardé los billetes aquí!
Y tremendamente nervioso miré en el otro bolsillo donde noté unos papeles. Saqué la mano y allí estaban. Comprobé el número, 132465. ¡Me había tocado! Aquella vieja, cumplió lo que dijo, llenándome de sentimientos, de alegría, júbilo, esperanza, bienestar, dicha ...
Todo lo positivo que se puede sentir. Dimos todos saltos de alegría y con otro espíritu, volví a montarme en el caballo camino al pueblo.
Entré en el banco para cobrar el premio y me dijeron que no tenían tanta cantidad allí, debía esperar unos días o cobrarlo en talones avalados por el banco.
- Aguarde unos minutos, voy a avisar a la directora. - me dijo el ventanillero.
Me senté en un incómodo banco de madera en la puerta del despacho de la directora.
Al poco una voz familiar dijo desde adentro:  - ¡Pase, por favor!
Qué cara de asombro me debió quedar cuando al abrir la puerta, vi que la directora del banco era nada más y nada menos que la guapísima hija del despreciable señor Dell.
- Hola Daniel, siéntese por favor.
- ¿Ahora me hablas de usted? Qué bien, pues sepa usted, señorita, que aunque ahora mismo tenga más dinero yo que su banco, sigo siendo el mismo que hace unas horas.
Agachó la cabeza disculpándose.
- No necesito que se disculpe usted, además se pone muy fea con esa cara de tristeza. Es su cruel padre el que sí se va a disculpar muy mucho, se lo aseguro.
- Por favor, no le haga daño a mi padre. Yo se bien que es un hombre sin escrúpulos, pero es mi padre, compréndame.
Me puse en pié de un salto y apreté los puños. Ella se levantó a la vez y me sujetó con un fuerte abrazo.
Me miró fijamente con los ojos brillantes como estrellas y me suplicó llorando que no le hiciese daño a su padre, pues se sentía muy sola.
- No se preocupe usted señorita, si su padre acepta mi dinero, no habrá ningún problema por mi parte, pero he de advertirle que de lo contrario ...
- No lo habrá Daniel, pierda cuidado. Yo misma le acompañaré a su despacho y por cierto, me llamo Morelia.

1 comentario:

  1. este tío es un don juan de pueblo???? ya voy en vías de la cuarta o me equivoco??'

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