febrero 08, 2011

Capítulo 34 " ¿Una buena persona? "

En la calle, camino al edificio contiguo, Morelia me iba contando que su madre falleció al nacer ella y por ese motivo su padre se convirtió en el ser huraño, desagradecido y todas esas cosas más que yo ya sabía. Me decía esto mirando al suelo y golpeando con sus botas las piedrecillas de la calle que encontrada a su paso haciéndolas rodas varios metros.
- Daniel, eres una buena persona, no hace falta conocerte para darse cuenta de eso. Qué afortunada debe ser la mujer que comparta su vida contigo. - continuó con la cabeza agachada ya en la puerta del edificio de oficinas.
Educadamente, le dí las gracias por el cumplido y entramos en la oficina en donde su padre, se levantó muy bravo nada más verme gritándole a sus perros de presa para que me echasen el guante cuando Morelia con un grito agudo dijo: ¡Basta ya! ¡No papá! Daniel viene a proponerte un negocio y debes aceptarlo, ¿ me oyes?
Todos quedamos como congelados por unos instantes, incluso los fuertes gorilas del señor Dell.
Vaya genio el que gastaba la pequeña hermosura güerita. Asombroso.
- A ver, cuál es ese asunto que te trae aquí, ¿chico? ¿Acaso te vas a casar con mi hija? - Se rió a carcajadas, despreciando la capacidad y el encanto de su propia hija.
- No señor, vengo a comprarle la deuda que todo el pueblo mantiene con usted. Quiero que me dé todas las propiedades embargadas, le pagaré en efectivo o como usted quiera, si no acepta el trato ... - me eché la mano a la espalda y empuñé la pistola preparándome para sacarla en cualquier momento, cuando Morelia me agarró la mano suplicándome unos instantes.
- ¿Acaso tienes tanto dinero, insolente?
- Sí papá, sí lo tiene y mucho más diría yo. Yo misma lo he comprobado. - le dijo Morelia alzando unos papeles que llevaba en la mano.
A ese villano cruel y despiadado, le acababa de salvar la vida su hija, a la vez que hizo el mejor negocio de su mísera vida. Un episodio muy rocambolesco. De modo que hicimos el trato y solucionamos todo en cuestión de unas horas. Me pareció demasiado fácil aquella misión como salvador de causas perdidas.
Uno por uno, fueron llegando los vecinos del pueblo a sus casas después de unos duros meses de trabajos forzados en la mina de aquella alimaña.
Yo acompañado de mi esposa Sarah, fui de casa en casa dándoles en la mano sus títulos de propiedad embargadas.
Un día después prepararon una gran fiesta para celebrarlo con fuegos artificiales y mucha comida en la plaza del pueblo. Aquello se convirtió en una fiesta que se celebraría ya todos los años.
Alguno pedían que pusieran una calle con mi nombre, otros querían que en la plaza se me hiciera una estatua.
Sarah me besaba y abrazaba constantemente siempre que me soltaba algún vecino agradecido.
Fue el destino el que me hizo de nuevo creer que en la vida todo llegaba y si no en ésta, en otra vida.
Pleno de satisfacción, apenas me acordaba de los compañeros que dejé atrás, de la mujer que se fue, abandonándome con una preciosa criatura y por supuesto la hermosa Nassay.
¿Volvería a ver algún día a todas aquellas personas a las que quise tanto? Ya con todo lo que llevaba vivido podía esperarme cualquier cosa.

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