febrero 18, 2011

Capítulo 40 " Lágrimas "

Con todo ese desbarajuste, me enredé tanto que llegaba tarde a mi cita con Nassay.
No pude ponerme la ropa que pensé y con las prisas no me miré lo bastante en el espejo, pero ya daba igual. Odiaba que me hicieran esperar y por tanto no me agradaba la idea de hacerlo yo.
Le pedí al chofer que me llevase al pueblo los más aprisa que pudiese y así lo hizo. El cacharro aquel daba unos botes increíbles y llegué a pensar por un momento que no llegaría jamás, pero llegué.
Bajé del automóvil y fijé la mirada en el número de su puerta. Mis nervios se exaltaban por momentos y mi corazón latía más y más rápido conforme me acercaba a su puerta.
Toqué suavemente en la madera y como si estuviese esperando detrás, abrió rápidamente y agachando la cabeza se hizo a un lado para que pudiese entrar.
Estaba realmente preciosa, sus cabellos, su perfume de siempre, esa entrada me transportó a un tiempo pasado, como a otra vida.
- Hola, disculpa mi leve retraso, pero es que ...
Sin dejarme terminar la frase se me abrazó fuertemente y comenzó a llorar desconsoladamente.
No entendía a qué venía aquel llanto, ¿por qué lloraba? Traté de calmarla:
- Deja de llorar mi amor, dime cual es el motivo de tu angustia Nassay, estoy confundido.
- Lloro de alegría, de pena, de rabia, no lo sé, pero no he podido evitarlo. Perdona si te hice sentir mal, pero ...
Y el mismo impulso incontrolable que me obligaba a seguir sus labios mientras hablaba, me hizo besarla, agarrándola por los brazos hundí mis labios en su boca como si quisiera meterme dentro.. Pasaron unos segundos que fueron eternos y la solté temeroso de haber hecho algo inapropiado, pero la miré a los ojos y ella me devolvió la mirada con tanta pasión que dolía. Ella me agarró por el cuello y me devolvió el beso, con la misma intensidad. No adivinaba el motivo, mas no hizo falta mediar palabra alguna. Dejábamos la conversación para otro momento en el que nos encontrásemos más sosegados, sin tantos arrebatos.
En su casa se respiraba tristeza, incluso su rostro dejaba entrever un velo oscuro que tapaba su luz interior.
- Sientate Daniel, hablemos. - ella caminó hacia el saloncillo en donde tenía una mesita de madera con cuatros sillas oscuras. La seguí  y me senté en una de aquellas sillas de madera con palillos finos. Sin querer la arrastré un poco y me disculpé por ello enseguida que comprobé que al lado tenía la cuna con el pequeño dormido.
- Oh, no tengas cuidado, duerme como un lirón. Cuando se fue su padre, esta mañana, para su pueblo a ayudar a instalarse a su hermano Alain y a su sobrina Morelia, dio un gran portazo y ni se inmutó. - me dijo con una sonrisa tímida.

Con la boca abierta y mirando su retrato de boda, resonó en mi cabeza como un trueno aquellos nombres, Alain y Morelia. No podía ser que Nassay se casase con el hermano del villano que casi arruina nuestro pueblo. Tal vez no era el momento de entablar una discusión o de pedir explicaciones. Me sentía un poco incómodo por aquella situación.
Tenía que intentar que eso no me afectara, por el momento no debía hacer ni decir nada, sería una metedura de pata por mi parte.
- ¿Cómo se llama tu hijo Nassay? - traté de cambiar la orientación de la conversación.
- Se llama Ben, como su padre. Es un chico muy listo Daniel, pero no hablemos de mi hijo ¿tú también tienes familia Daniel?
Vaya, sentí que ella había quedado mal conmigo al no ponerle mi nombre al chico , como hice yo. No sabía por donde empezar a hablarle, tenía tantas y tantas preguntas que hacerle que cuando comencé a hablar, tartamudeé, como antes, cuando me ponía nervioso.
Respiré muy hondo y traté de ordenar los acontecimientos.
¿Por dónde iba a empezar a hablarle? Tenía que contarle lo que pasó en el pueblo, pero ella estaría enterada, naturalmente comencé por lo primero que me salió.
- Nassay, tengo dos hijas maravillosas de cinco y dos años. La pequeña se llama Annie y nació el mismo día que tu pequeño.  La mayor, Nassay, igual que tú.
Ella me preguntó con mucho tacto por cómo llevábamos la muerte de Sarah y qué hacía para criar yo sólo a las niñas, llevar el hotel, etc ...
Agaché la cabeza y le conté que la mayor era muy lista  y comprensiva, pero la pequeña no dejaba de llamar a su madre, he incluso a veces subía a mi habitación y se metía debajo de la cama para ver si su mamá está escondida allí.
- Es bastante triste Nassay pero lo vamos a superar, es por eso que me decidí a verte, porque sé que tú nos ayudarás en alguna forma.
Nassay comenzó a llenar sus grandes ojos de un cristal líquido precioso que bajaba lentamente por su fino cutis como pequeños diamantes rodando por un suave terciopelo.
Manteniéndose lo firme que pudo, me confesó que algo de eso se temía. Explicó que su marido le obligó a casarse con él, pues al no tener hombres en su familia que fuesen a la mina, no tenían otra forma de pagar, por otro lado no quería que su madre sufriese ningún daño.
En un tono de rabia e ira, me contó que no la trataba del todo bien, algo que era evidente, apenas miraba a su hijo y además era sometida a una serie de humillaciones a diario. Aquellas confesiones hicieron hervir mi sangre de rabia.
Tenía que hacer algo lo antes posible.

1 comentario:

  1. Hola Jose: Después de leer algunos de tus capítulos,de momento, observo la inagotable imaginación y fuerza descriptiva que pones en la historia que estás publicando en tu blog. De amores, tragedías y pasiones propios de la condición humana, que hacen interesante su lectura.
    Adelante y que tengas éxitos.
    Saludos de Eugenio desde Madrid.

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