febrero 22, 2011

Capítulo 41 " Un viejo amigo "

Salí de la triste casa con la cabeza agachada y una angustia que me oprimía el pecho impidiéndome casi respirar. Me devanaba los sesos tratando de buscar alguna solución rápida para la situación de mi pobre Nassay. Algo drástico y contundente que la liberara de las garras de la cruel tiranía a la que estaba siendo sometida. En el fondo me alegré un poco egoistamente de que Nassay no se hubiese casado por amor.
Al final de la calle, pude ver entre la gente un rostro que me era muy familiar. No sabía de quien se trataba, mas me era conocido, seguro.
Me decidí a abordarle con la intención de que al verme se acordara de mi, eso sería mejor.
A unos metros y ya decidido a llamarle veo que me mira y alza la mano gritando mi nombre con bastante alegría.
- ¡Daniel! Hola, soy tu compañero Óscar, ¿no me recuerdas? Sí hombre, del destacamento principal. Estuvimos mucho tiempo juntos, durante la instrucción. Mi cama era justo la de encima tuya. - me dijo con acento del este.
Una gran alegría me embargó haciéndome olvidar por un momento la tragedia que traía en mi cabeza. Claro, Óscar, mi amigo Óscar el adiestrador. Un buen compañero con el que pasé muy buenos momentos junto a Tony y Alex. Él adiestraba a los perros en el ejército y lo hacía bastante bien, aunque se exigía demasiado a veces y eso le impidió conseguir graduarse cómo suboficial.
- Tenemos muchas cosas que contarnos, Óscar, ven a mi casa y charlamos un rato. Te presentaré a mis dos hijas.
Por el camino fui poniéndole al día sobre mi reciente viudedad y todas aquellas cosas que más o menos podía contarle sin que pensara que estaba loco, pues Óscar era bastante escéptico.
Una vez llegamos al hotel, quedó asombrado por la magnitud de la casa y la educación de las pequeñas, se rió bastante.
Allí en mi cómodo despacho, cargado de librerías y paredes de color rojo oscuro, nos preparamos unas copas y comencé a contarle a partir de la odisea que vivimos en el campo de batalla.
lo cierto es que nuestros compañeros Tony y Alex eligieron vivir una vida que sinceramente yo aún me pregunto por qué la rechacé.
Quizás Praxis trató de explicármelo tantas veces que tan necio me volví por aferrarme a esto que tan conocido me era.
Entonces fue cuando le pregunté a Óscar el motivo por el que estaba allí y la verdad es que me asombré bastante. No creí por un momento las palabras que estaba oyendo. Si no hubiesen salido de aquel compañero tan serio, habría pensado en todo momento que me estaba tomando el pelo.
Mi amigo me comentó muy seriamente un proyecto del que sería de vital importancia que yo me uniese. Estaban formando una brigada con un grupo de veteranos y casualmente el hombre al que Óscar iba a buscar, había fallecido . No tenían tiempo de buscar a otro y mi antiguo compañero estaba decidido a contar conmigo.
Estaban formando un grupo de soldados veteranos para una misión muy importante tras el final de la guerra. Habían llegado rumores al gobierno de que un país grande fabricaba bombas de gran capacidad y nosotros debíamos descubrirlas y destruirlas.
- Déjame pensarlo Óscar, dime dónde te puedo encontrar y prometo que en cinco días te daré una respuesta. - le contesté con la intención de terminar aquella conversación.
- Me parece justo, Daniel, estaré en el pueblo esta semana.
Nada más se marchó Óscar, me dispuse a cavilar del modo más duro posible, pues tenía dos hijas a las que criar y también estaba el asunto de mi amada Nassay. Pensé que si aquello salía bien, cambiaría el hotel por una gran residencia escuela para niños huérfanos, a Sarah eso le habría gustado mucho.
Fue entonces cuando se me ocurrió la fantástica idea de pedirle a Óscar que me librase de aquel tipo para siempre, pero él me pidió a cambio que me uniese a ellos.
Debía hacer aquello por Nassay, ella no se merecía vivir de aquella forma.

Me vestí después de quedar de acuerdo con mi compañero y me marché a ver a Nassay y contarle lo que iba a hacer.
- No sé cómo te vas a tomar esto que voy a decirte, pero no puedo vivir sabiendo que sufres, que eres tan infeliz por culpa de un villano sin corazón.
Ella se puso las manos en la boca y puso cara de espanto al principio, pero después me dijo que no quería saber los detalles y me abrazó.
- Nassay debes recoger tus cosas. Quiero que os vengáis al hotel. No hay huéspedes ya, sólo están Martha Gé, la cocinera, y las dos chicas que limpian. Yo debo marcharme unos días y sé que tú cuidarás con mucho amor a mis hijas.
Ella me contestaba a todo que sí y añadía: pero ... Y otra vez: sí, pero ...
Entonces la abracé con fuerza y mirándola a los ojos la besé, para acallar sus peros.
- Está bien Daniel, que así sea. Pero prométeme que volverás tan pronto como te sea posible.
- Te lo prometo, amor mío.
Cargamos sus pertenencias más preciadas en el vehículo del hotel y nos marchamos los tres.
A la mañana siguiente, poco antes del amanecer, le dejé una rosa en su mesita y me marché de nuevo hacia mi destino.

3 comentarios:

  1. Que romantico, definitivamente tu imaginación no tiene limites, esa forma tan expresiva como detallas los momentos, las caracteristicas minuciosas, guaoo... Muy lindo no se xq no puedo colocar comentarios en algunos capitulos y en otros sì..
    Carolina.

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  2. Cuando leo algún capitulo de esta historia, consigo trasladarme a esa época y hasta me siento la protagonista...
    Gracias por existir.
    Eva

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  3. excelente pero a veces no me deja colocar los comentarios!!!

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