marzo 08, 2011

Capítulo 46 " De vuelta "

Lo cierto es que estuve en aquel campamento dos meses, pero fue un tiempo muy intenso y llegó a resultarme infinito.
Me despedía de mis compañeros Óscar y Lurbe, de Irene lo hice de algún modo diferente pues a ella no la vería más. A todos les deseé toda la suerte del mundo en sus vidas y les pedí que me visitasen algún día. Óscar y Lurbe estaban felices de estar allí, era lo que les gustaba y la única forma de dormir juntos sin que nadie pensase nada fuera de lo común.
A la mañana siguiente me encontraba de vuelta a casa. Se me hacía largo y cansino el viaje, no veía el momento de llegar a ver el sendero que llevaba a mi reino, donde mi amada Nassay y mis dos soles aguardaban mi llegada. En verdad me olvidé del pequeño Ben, el pedacito de Nassay.
No podía dejar de preguntarme cómo les habría ido a mis mujeres en mi ausencia y si Nassay tendría algo preparado para la transformación del hotel, eran muchas dudas, dudas que tardaría al varias horas en saber.

Me dí una cabezadita, ya en el último tren que tomé para que el tiempo me pasase más rápido y así fue.
Cuando me vine a dar cuenta, el silbato de la estación anunciaba la última parada, mi casa.
Nada más bajarme busqué a un mozo para que me consiguiese un transporte para llegar lo antes posible.

Desde el sendero que llevaba a la puerta del hotel, oía risas de niños jugando y los inconfundibles ladridos de Oli, el fiel perro niñera Al fin en casa.
En cuanto me vieron, gritaron todas corriendo hacia mi, incluso Nassay y su pequeño, fue algo conmovedor y me arrodillé para recibirlos. No pude evitar alguna lágrima de emoción al ver como se avalanzaban sobre mi en tropel. Creí que aquel momento nunca llegaría, ¡ya parecíamos una gran familia!
Como el atardecer pronto daría paso a la noche, hablé poco con los pequeños, después de cenar debían acostarse pronto.
Mi bella Nassay me colmaba de besos y caricias y parecía que tenía planes para mi.
Ya con todos los pequeños acostados y aquella gran casa para nosotros solos, decidimos preparar un buen baño de espuma, bien caliente. Nassay rodeó toda la bañera con velas y encendió la chimenea. Entré en el baño y creí estar soñando, pues allí estaba ella, recogiendose su hermoso cabello dejando que la tenue luz de las velas dejase entrever su hermosa silueta bajo sus vestiduras. Con un solo gesto, se desabrochó el camisón y este cayó al suelo como algo pesado. Me apresuré en desnudarme, pues ella me llamaba con su dedo.
Me mostro todos sus encantos una vez más pero con algunos años de diferencia desde la última vez y la verdad es que Cronos la había tratado muy bien.
Nassay se metió suavemente en el agua que desprendía vapor, como la orilla de un río en una mañana de invierno. Qué bella mujer, aun no podía dar credito a mi suerte.
Allí, juntos en la bañera pasamos varias horas, actualizándonos después de tanto tiempo. Ya el agua se enfrió y su piel erizada me decía que cambiásemos a un escenario más cálido. Yo la sequé con la toalla poco a poco, como si fuese una pintura mojada y tuviese miedo de borrarla. Caímos en la cama llenos de amor y de pasión hasta que los rayos de alba cayeron sobre nuestros rostros en la mañana y nos despertaron.

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